Las recomendaciones sobre la edad en la que empezar la alimentación complementaria han ido cambiando a lo largo de los años. Originalmente, a principios del siglo pasado, los bebés tomaban lactancia materna hasta los 12 meses.
El hecho de que aparecieran ciertas deficiencias en hierro y vitamina C hizo que se adelantase la edad de introducción de nuevos alimentos, y desde entonces, las recomendaciones han variado desde la introducción tan temprana como a las 3-4 semanas (cereales en biberón) como la actual, a los 6 meses de edad, pasando por una época en la que la recomendación era de aproximadamente las 12-16 semanas (3-4 meses).

En la actualidad, parece haber evidencia suficiente para afirmar que la ventana más apropiada para la introducción de la alimentación complementaria se da alrededor de los 6 meses. Además, no existe ninguna evidencia adicional que apoye la necesidad de posponer la introducción de alimentos típicamente alergénicos como pescado, frutos secos o huevos más allá de los 6-7 meses, para prevenir el desarrollo de este tipo de alergias, ni siquiera en el caso de antecedentes familiares de alergias.
Para poder ingerir alimentos diferentes a la leche, es conveniente que el organismo tenga la maduración necesaria a nivel neurológico, renal, gastrointestinal e inmune. Se considera que un bebé está preparado cuando adquiere las destrezas psicomotoras que permiten manejar y tragar de forma segura los alimentos.

Como cualquier otro hito del desarrollo, no todos los niños lo van a adquirir al mismo tiempo, aunque en general estos cambios suelen ocurrir en torno al sexto mes. Se requiere:
❖ Presentar un interés activo por la comida.
❖ La desaparición del reflejo de extrusión (expulsión de alimentos no líquidos con la lengua).
❖ Ser capaz de coger comida con la mano y llevarla a la boca.
❖ Mantener la postura de sedestación con apoyo.
Una introducción muy precoz de la AC puede conllevar riesgos a corto y largo plazo. Si no hay disponibilidad de LM antes de los 4 meses, se deberá utilizar únicamente fórmula de inicio (tipo 1) como sustituto. Entre los 4 y 6 meses no se han encontrado beneficios de la introducción de la alimentación en niños amamantados y sí se ha visto un aumento de las infecciones, tanto en países en desarrollo como en países desarrollados. Por tanto, la recomendación actual es esperar a los 6 meses para comenzar con AC en los niños con LM. En los lactados artificialmente, la recomendación es menos unánime, aunque en todo caso nunca comenzar antes del cuarto mes.
A corto plazo:
- Posibilidad de atragantamiento.
- Aumento de gastroenteritis agudas e infecciones del tracto respiratorio superior.
- Interferencia con la biodisponibilidad de hierro y zinc de la leche materna.
- Sustitución de tomas de leche por otros alimentos menos nutritivos.
- Aparición de alergias por alimentos.
- Los riñones del bebé aún están inmaduros y pueden sobrecargarse con proteínas o sal en los alimentos.

A largo plazo:
❖ Mayor riesgo de obesidad.
❖ Mayor riesgo de eccema atópico.
❖ Mayor riesgo de diabetes mellitus tipo 1.
❖ Mayor tasa de destete precoz, con los riesgos añadidos que esto conlleva.

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