Factores endógenos que influyen en la regulación del apetito

El apetito responde ante todo a un proceso fisiológico que permite la supervivencia de cada persona, pues necesitamos alimentos para mantener la vida. Sin embargo, es interesante saber qué sustancias controlan la ingesta mediante señales que reciben del sistema nervioso y cuál es su función específica.

Las siguientes sustancias controlan la ingesta de alimentos:

fuente: https://academica.mx/

A pesar de que algunas personas suben más fácilmente de peso que otras, consumiendo los mismos alimentos, es innegable que la mayoría de las personas que presentan obesidad, tienen mucha hambre y poco  autocontrol al consumir alimentos; en muchos casos la tendencia es hacia la sobrealimentación (control de la ingesta); aunado a esto, puede estar disminuida la capacidad de «quemar” la grasa consumida (termogénesis),  en tanto que metabólicamente es fácil sintetizar grasa que se acumula fácilmente en su organismo (adipogénesis). Todo esto es atribuible a factores genéticos. Sin embargo, cabe destacar que no es una determinación con la que la persona afectada no pueda hacer nada, pues la convicción de tener una vida saludable, es el primer paso para modificar los hábitos de alimentación; pero hemos de reconocer que fisiológicamente, en pleno estado de obesidad, sí hay desventaja pues la gente tiene que luchar contra las señales químicas que genera su organismo, cuando el control metabólico del que se encarga el tejido adiposo, ya entró en un desajuste.

Todas las sustancias que produce el organismo, especialmente cuando hablamos de proteínas, cuentan con genes que las «codifican” o tienen instrucciones para sintetizarlas. Las hormonas y péptidos son tipos de proteínas. En la secuencia de bases nitrogenadas, pueden presentarse mutaciones o polimorfismos para el gen que codifica cada una de estas sustancias o para sus receptores. Estos cambios pueden explicar la diferencia en la función de cada proteína (péptido) u hormona entre una persona y otra. Aunque sí se han identificado estos polimorfismos, es difícil cuantificar su influencia en la obesidad, debido a que los factores ambientales, como la alimentación, al ser muy variables de una persona a otra, «enmascaran” la influencia de estos cambios en la secuencia del gen que se estudie.

 ¿Cuál es la participación del tejido adiposo en el control de peso?

El tejido adiposo tiene la función de almacenar grasa (lípidos) para proporcionar energía a nuestro organismo. Las células características del tejido adiposo se llaman adipocitos. El tejido adiposo se divide en blanco y marrón. En el tejido blanco el adipocito tiene más grasa, su función es almacenarla; el tejido pardo tiene menos grasa, su función es generar calor.

El ganar peso de forma excesiva, cambia el funcionamiento de las células grasas o adipocitos, pues se hacen menos eficientes para usar convertir la grasa en energía, por eso quemar grasa en las personas obesas es difícil, y almacenarla, fácil.

Por mucho tiempo se consideró que el tejido adiposo sólo era receptor de grasa con capacidad de almacenar energía y con funciones importantes como proteger órganos blandos. Pero el tejido adiposo es todo un centro de control metabólico. Tratemos por un momento de pensar en la grasa almacenada que tenemos en nuestro cuerpo, recordemos que el almacén de grasa es necesaria considerando ciertos límites. El enfoque en este momento no es identificar si tenemos grasa de más o de menos, sino pensar en ese tejido como productor de sustancias químicas que regulan el apetito y la termogénesis. Dicho de otro modo, el tejido adiposo secreta sustancias que regulan el apetito y que favorecen la oxidación de la grasa, puede sonar paradójico, pero es en la célula grasa donde está la clave para mantenernos delgados y saludables. Si logramos visualizar esto, podemos valorar el papel que juega el tejido adiposo y podemos también inferir las posibles alteraciones  que pudiera producir un exceso de acumulación de grasa.

Los adipocitos, células principales del tejido adiposo, producen leptina, la cual sirve de monitor sobre los depósitos efectivos de grasa de un sistema central de control, esto significa que cuando consumimos alimentos, es la leptina la que envía una señal al cerebro y eso nos hace parar de comer, pero este mecanismo se puede ver alterado en las personas obesas, especialmente si consumen más azúcar o alimentos que la contienen; al parecer el consumo de excesivo de este nutriente es lo que causa que la leptina no cumpla su funciónes.

 El papel de los genes que regulan la adipogénesis o formación de grasa  y la diferenciación del adipocito se están estudiando, en especial la eficiencia mitocondrial y los procesos inflamatorios del tejido graso, así como  la participación de las adipocinas.

De forma general las adipocinas regulan el metabolismo de carbohidratos y lípidos y la conducta alimenticia (incluyendo hambre y saciedad); también se relacionan con la sensibilidad a la insulina. La obesidad y la diabetes alteran la expresión de las adipocinas. (Proenςa, et al. 2014).

Como hemos visto, sí hay genes que influyen en la propensión a la obesidad; idealmente para evitar la expresión en el fenotipo de los genes que participan, se debe iniciar con buenos hábitos de alimentación desde la infancia; pero si este padecimiento ya ha tomado su curso a lo largo de la vida, es momento de hacer conciencia para recibir el apoyo profesional, con el fin de lograr la regulación hormonal y bioquímica que propicie un buen estado de salud.

fuente: https://academica.mx/

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